El domingo de Ramos
fue siempre mi momento favorito de semana santa, primero porque
comenzaba la semana santa, tenía vacaciones de ir a la escuela y
podía jugar más con mis amiguitos, por otro lado ¡Papa tenia 2
días libre de su trabajo!, lo vería al levantarme y acostarme.
Además era tradición que íbamos en un viaje por carretera de 2
horas hasta el pueblo de San Sebastian de los Reyes, a pasar esos dos
dias con la familia de mi Mamá, ¡Vería amis primos y jugaríamos en
la orilla del Río! Bien podía soportar el calor del llano
venezolano en Semana Santa.
Así que el domingo
de Ramos era especial, pero había otra razón, siempre que íbamos a
la iglesia, tanto Papá como Mamá eran muy devotos, en cierto
momento pasaban la bandeja para dejar la colaboración (el cepillo),
Papá nos daba por orden de antigüedad lo que debíamos colocar en
el cepillo, a mi me tocaba un real (Bs. 0,50), ¡toda una fortuna!
podría comprar un refresco (gaseosa) y un dulce en la panadería, o
comerme un perro caliente del carrito que paraba frente a la Iglesia;
Pero no eso era para el Cura, perdona la Iglesia. El caso que el
domingo de Ramos daban algo ¡Gratis! Ramos de Palma Bendita para
hacernos una cruz, luego descubrí que también la gente llevaba agua
para que se la bendijera para alguna emergencia. Todos las semanas
dábamos la “limosna” pero ese día nos daban algo, aunque creo
que lo que más aprecio eran la devoción de ellos y de querer por
sobre todo que estuviésemos protegidos.
Eso lo aprendí de
la abuelita de mi esposa y de mi suegra, que sabiendo las creencias
peculiares de su yerno, no solo la respetaba sino que hacia todo el
esfuerzo por guardarnos una cruz de palma para protegernos y que
siempre atesoramos en nuestra casa aunque no por los motivos que
creen la mayoría.

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