domingo, 25 de marzo de 2018

Domingo de Ramos



El domingo de Ramos fue siempre mi momento favorito de semana santa, primero porque comenzaba la semana santa, tenía vacaciones de ir a la escuela y podía jugar más con mis amiguitos, por otro lado ¡Papa tenia 2 días libre de su trabajo!, lo vería al levantarme y acostarme. Además era tradición que íbamos en un viaje por carretera de 2 horas hasta el pueblo de San Sebastian de los Reyes, a pasar esos dos dias con la familia de mi Mamá, ¡Vería amis primos y jugaríamos en la orilla del Río! Bien podía soportar el calor del llano venezolano en Semana Santa.

Así que el domingo de Ramos era especial, pero había otra razón, siempre que íbamos a la iglesia, tanto Papá como Mamá eran muy devotos, en cierto momento pasaban la bandeja para dejar la colaboración (el cepillo), Papá nos daba por orden de antigüedad lo que debíamos colocar en el cepillo, a mi me tocaba un real (Bs. 0,50), ¡toda una fortuna! podría comprar un refresco (gaseosa) y un dulce en la panadería, o comerme un perro caliente del carrito que paraba frente a la Iglesia; Pero no eso era para el Cura, perdona la Iglesia. El caso que el domingo de Ramos daban algo ¡Gratis! Ramos de Palma Bendita para hacernos una cruz, luego descubrí que también la gente llevaba agua para que se la bendijera para alguna emergencia. Todos las semanas dábamos la “limosna” pero ese día nos daban algo, aunque creo que lo que más aprecio eran la devoción de ellos y de querer por sobre todo que estuviésemos protegidos.

Eso lo aprendí de la abuelita de mi esposa y de mi suegra, que sabiendo las creencias peculiares de su yerno, no solo la respetaba sino que hacia todo el esfuerzo por guardarnos una cruz de palma para protegernos y que siempre atesoramos en nuestra casa aunque no por los motivos que creen la mayoría.


Recuerdo en un Domingo de Ramos


Mis hermanos y su servidor, estudiamos bajo el período democrático de Venezuela (1958 al 2000). No puedo imaginarme todo el sacrificio que hicieron mis padres, él viniendo de Galicia a Venezuela, para ayudar a su familia que dejaba en Sarria y formar a su familia en Venezuela. Mi madre de un pueblito del interior de Venezuela, San Sebastián de los Reyes.

Mi infancia fue en lugares populares (barrios de gente humilde). Mi padre trabajaba como sólo un humano con ganas de salir adelante y un sueño, formar una familia y que sus hijos no pasaran el trabajo y la necesidad, períodos de 12 y hasta 14 horas. Yo lo veía en la noche cuando regresaba, pero no cuando salía a las 3 o 4 am. Mi mamá lo apoyaba, según me contaba, atendiendo una bodega y al hogar. Luego al mudarnos a un barrio en el este de Caracas, donde tendríamos nuestra casa propia, se dedicó al oficio más subestimado: su hogar. Realmente un hombre para salir adelante necesita de una pareja, la casa desgasta tanto o más que salir a "trabajar", al salir hay variedad, sientes que traes dinero, lo otro no trae dinero pero lo administra y permite que su pareja pueda producirlo. Pero me estoy disgregando...

Estudiamos por instancias de ellos, de Papá y Mamá, nunca nos pusieron condiciones de que estudiar, cualquier carrera era buena. Nunca se quejaron de los sacrificios que hacían para que estudiáramos. En la universidad vi las teorías Marxistas, sobre todo cuando terminé estudiando una segunda carrera. Empecé en física teórica y me gradué en Educación por un plan que llamaban "componente docente" la idea era subir el nivel a la educación básica, y lo hicimos.

Estudié en el periodo de la democracia venezolana, nací un año después del derrocamiento del que se creía que sería el último dictador de Venezuela, Marcos Perez Jimenez. Me acuerdo de mi primo Gustavo, estaba en la universidad cuando apenas iba a la escuela al 3°, ¡era el primo comunista!, que sufrió persecución del presidente Rómulo Betancourt y de Raul Leoni, sin embargo cuando estudié en la universidad en ella se estudiaba y discutía no sólo de ideología democrática sino de izquierda. Se estudiaba y criticaba. No es que fuese idílica, siempre había abuso de poder de los funcionarios, excesos, pero ¿cómo un joven de un barrio humilde y sus 3 hermanos pudieron estudiar lo que quisieron?

Mientras estudié en la universidad, nunca vi que se parcializara por una sola tendencia, aunque lo bien visto era una tenencia al izquierdismo. Habían profesores de derecha y muchos de izquierda.

Conocí lo que ofrecía la visión comunista, fuertemente influenciada por cuba, cuando por un gran amigo que era de la Juventud comunista me invitaron a un congreso para discutir sobre "el nuevo comunismo", el primer día fueron presentaciones y la entrega de un material, al segundo día tuve mi primer problema porque hice una pregunta fuera del libreto y todos me miraron horrorizado, gentilmente me explicaron que tenía que discutir y aportar según el documento (enviado desde el partido comunista de cuba), que si bien mi pregunta era interesante ellos tenían un objetivo. Al día siguiente me excusé y me dedique a mis asuntos, seguí siendo amigo de ellos sobre todo porque el que me invitó fue mi amigo desde mi infancia. El comunismo cambió, la sociedad cambió, la noción capitalista cambió e involucro ideas y practicas del supuesto "enemigo". Excepto estos revolucionarios del siglo XXI, como se quejan de que le quitan libertades y como les encantan quitárselas a los demás.

No me gustó Chavez y lo que ofrecía, veía demasiada violencia escondida detrás de sus palabras, de sus seguidores. El enamoramiento por Chavez que vi en gente que consideraba "sensatas" me parecía alarmante. Al discutir con algunas de ellas ellas terminaban sanjando la discusión con el argumento: “quiero un cambio así sea un salto al precipicio”. Siempre he sido muy consiente del lenguaje emocional de otros y veía una gran hipocresía y resentimiento en muchos de esos “lideres” que cegaban a todos, entre ellos a mis padres ya septuagenarios. Sentí la división que estos personajes crearon en mi casa y mi familia. En esos días una tía muy cercana a nosotros, enfermó gravemente y fuimos al interior a visitarla. Vi a algunos de mis primos y uno de ellos, aprovechando esas pausas incomodas que se hacen cuando estamos en esos momentos tristes de reunión, me pregunta ¿primo tú estás con el proceso?, yo me quedé helado, mi tía, ¡su tía!, sobreviviendo de un ACV y ¡preguntando eso!. Al final decidí por la respuesta más cuidadosa, me acuerdo que le dije algo así: “primo este no es momento ni lugar para esas preguntas de política”, a lo que el me dijo con una sonrisita de autosuficiencia ha eres un escuálido. Yo no entendía porque me decía “escuálido” si tenía unos 20 kg de sobrepeso, pero si entendí que era una forma de insultarme, solo guardé silencio pregunté por mi otra tía (su mamá) y otros familiares.

Hoy veo ese odio aun, en el grupo que fue apabullado y en los que quedaron atrapados en su propio laberinto poniendo su esperanza en gente que disfruta el poder por el poder y no cree sino en ellos mismos, con más años encima y desde la perspectiva que me ha dad el budismo y la misma vida (que es el Dharma) veo que para salir de este odio hay que hacer algo muy duro que pregonó Jesús, y probablemente fue una de las razones para terminar crucificado, y también el Buda: Poner la otra mejilla (en el caso de Jesús) o no aceptar el regalo (en caso del Buda), o como hice en su momento en un arranque de lucidez al cambiarle el tema a mi primo. ¡Ah! Y estoy claro que no lo hago por bueno, sino porque es la única manera de sobrevivir.

Collage de imágenes